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VIVIR EN DIOS ES VIVIR

"El reino de Dios se parece a un grano de mostaza que TOMÓ  un hombre y lo SEMBRÓ  en su campo, y con ser la más PEQUEÑA de todas las semillas, cuando ha CRECIDO es la más grande de todas las hortalizas y llega a HACERSE un árbol, de suerte que las aves del reino vienen a anidar en sus ramas" (Mt 13,31-32)

                 TOMÓ: ¿qué  tomó ? ¿De dónde  lo tomó ? ¿Y para qué y por qué  lo tomó ?
                 SEMBRÓ: ¿qué  sembró? ¿dónde  lo sembró?
                 TAMAÑO: pequeñez, humildad, sencillez, conocer su condición.
                 PROYECCIÓN : hacerse grande, un árbol.

La vida que poseemos, ese grano de mostaza, ese germen crece en el espíritu y desde el espíritu. "Lo nacido de la carne es carne, pero lo nacido del espíritu es espirito" (Jn 3,6). Podemos y necesitamos NACER de nuevo. Y vivir desde esa hondura de nuestro ser esencial. Nuestro ser lo tomamos de Dios, lo sembramos en la realidad, en la historia, en el día a día. Su crecimiento o no está  en nuestras manos, en nuestras decisiones y motivaciones. Si la mostaza se mantiene unida a su origen, a Dios, crecerá, y su vida serán ramas para que las aves, las personas, cercanas y lejanas, se aniden, se sientan protegidas y descansadas.

Hemos de vivir desde el espíritu  y transformar y vitalizar nuestros gestos, nuestros pensamientos, trabajos y actitudes con la vida. Ser ramas de acogidas, de paz y amor.
Hay que vivir enraizado en el único manantial de vida, de luz y amor, que es Dios.

El sufrimiento más grande del ser humano es haber perdido la conciencia, la cercanía y la vivencia de su país de origen: DIOS. En definitiva, todos los desajustes de la personalidad del hombre, todas sus caídas, errores y temores pueden remontarse hasta este originario sufrimiento y encontrar en el su causa.

Por el contrario, podríamos decir que el ser humano encuentra su profundidad, su armonía y plenitud en la experiencia de Dios. Porque la vida de mi vida es Dios, y el centro de mi centro es Dios.

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