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La Cenicienta y su principe

    Este hermoso cuento de Charles Perrault se ha convertido todo un símbolo de la suerte de encontrar el amor romántico, y más suerte de encontrar a un principe rico. No se habla de belleza, aunque sí la presupone. Una chica no busca un principe feo. O que por lo menos posea alguna gracia. Quizá simpático, quizá inteligente...No sé, algo debe tener para ser la atracción de la suspirada Cenicienta.
      Hoy día las niñas, las adolescentes y hasta algunas jóvenes se sueña con el principe. Se sale a  la calle mirando y remirando tratando de encontrar al principe. La realidad es otra. No existe el principe. El amor romántico se esfuma. La desilusión se ríe de ellas. El dolor se convierte en el amigo íntimo sin invitación y sin consentimiento. Con el tiempo llega el bálsamo que le sana. Un joven llega como principe, se llama Andres, pedro...pero que dista mucho del principe del sueño, de la ilusión, del bello, del rico, del romántico. La suerte pasó de largo, ahora a quien tiene no es ni la sombra de lo que anhelaba. Duerme con el principe y despierta con el mecánico, el taxista...el regueroso, el necio...
     Cada hombre es un principe, sólo  que hay que pulirlo todos los días. Y la paciencia se pierde en tan arduo trabajo. Y para colmo hasta se puede perder el amor y lo romántico. ¡No es fácil pulir a un hombre! Pero algo se logra cuando se hace con amor y por amor.
     Se dice que tanto la Cenicienta y el principe fueron felices. No se habla de problemas de pareja, de que si tuvieron o no  hijos, de sus familiares, amigos,de finanza, de religión, de educación... Sólo  se habla de amor, de lo romántico de ese amor. Hoy se habla de contrato matrimonial, de bienes separados, de camas separadas...Se ama si marcha todo bien. Se separan si un mosquito canta a mi alrededor. Lo romántico es sólo  el sexo. El amor es sólo  lo que me conviene. Vivimos sólo por interes. La flecha de Cupido se ha convertido en una bala que sólo  busca matar el amor y el autor del amor. No es extraño no ver las familias destrozadas, vagando sin rumbo y sin ánimo. Cuando Dios es excluido del amor, de lo romántico nuestro rio interior se seca. Sólo  quedarán piedras y desolación. Si a la base de la familia le falta Dios el amor se corrumpe, los valores se ignoran y se violan.
  Hay que seguir apostando por la Cenicienta y el principe, es aportar por el amor, es apostar por Dios, teniendo en cuenta la realidad que se vive, los problemas, las dificultades, el diálogo . Es luchar sin descanso por ser feliz.    
    
    

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